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¿Debemos aceptar o prohibir que las AI reemplacen a los músicos?



La irrupción de la inteligencia artificial (IA) en la música ha generado un debate intenso entre músicos, críticos y aficionados:


  • ¿deberíamos permitir o prohibir que algoritmos reemplacen al ser humano en la composición musical?; y ¿quiénes estarían autorizados a regular o prohibir esto? ¿Los músicos que la crean? ¿Los burócratas desde sus escritorios? ¿La sociedad que consume los productos musicales?


Ni bien comenzamos a analizar el tema, nos parecería justo tomar cartas en el asunto e intervenir para no dejar que, una vez más, las máquinas desplacen al ser humano dejando sin trabajo a miles cuando no millones. Al fin y al cabo, sin los músicos no tendríamos música, ¿no es cierto?


Pero al hacer un sobrevuelo un poco más detenido sobre el asunto nos percatamos de que todas estas personas (las que potencialmente perderían su trabajo, así como los encargados de regular o prohibir las AI) se trasladan a sus trabajos en automóviles, que en su momento hicieron obsoletos a los caballos, dejando desocupados a sus cuidadores y a millones de personas que vivían gracias a los equinos como medio de transporte (se estima que el 20% de la población activa trabajaba en ocupaciones que dependían de caballos, en la Inglaterra del 1900).


Entonces, ¿hasta qué punto tendríamos "derecho" a exigirle a otros cumplir reglas de supuesta protección laboral, que nosotros mismos no cumplimos, y hasta de las cuales hoy nos beneficiamos directamente?

Vista lateral de un baterista tocando con un set híbrido acústico y electrónico
Baterista tocando un set híbrido con componentes acústicos y electrónicos (imagen AI)

¿Qué hace "especial" al arte humano?

El arte ha sido una forma de expresión y comunicación desde tiempos prehistóricos. Pero ¿es el artista que crea la obra o el paseante o espectador, que se emociona con ella, el que otorga valor a una obra?


Y esto nos conduce a:

¿Es más (o menos) "real" emocionarse por una obra creada por una AI?

Continuemos el debate formulando esta nueva pregunta: si una canción creada por IA logra que alguien se emocione, se inspire o simplemente sonría una mañana particularmente triste, ¿es menos válida que una compuesta por un humano?


Y luego podríamos preguntarnos: ¿cuál es el objetivo del arte: emocionar o impactar a alguien con una obra, o darle trabajo y una forma de sustentarse económicamente al artista que la crea?


¿Si una AI crea una canción que logra que me levante con una sonrisa, ¿porqué alguien tendría el derecho de prohibírmelo, sólo porque supuestamente deja sin trabajo a los músicos o artistas "humanos"?


Si así fuera (aquí vamos nuevamente), también podríamos exigir la regulación de que a ningún músico se le permitiera ir en automóvil a su ensayo o show... que vaya a caballo y no deje sin trabajo al 20% de la población que vivía de ello...


El componente moral es nudo gordiano en el debate sobre lo que debemos o no debemos permitir a las AI...

¿Deberíamos prohibir también a los clones humanos?

Y si aún así, aceptáramos que debemos prohibirles a otros emocionarse, disfrutar o simplemente utilizar su dinero para comprar canciones, cuadros o arte creado por AI: ¿deberíamos hacer lo mismo con las AI "humanas"?


Con "AI humanas" me refiero a los "artistas clones": esas personas que desde que el hombre descubrió el arte en pintando las paredes de las cavernas donde habitaba o las técnicas de caza, etcétera, se dio cuenta de que "había mercado" también si copiaba a otros.


Hablando de la batería:

  • ¿deberíamos prohibir a Cindy Blackman por ser una copia casi literal de Tony Williams?

  • ¿Existiría hoy un Vinnie Colaiuta si éste antes no se hubiera "nutrido/clonado" a Tony Williams, y éste a Max Roach, y Max a Philly Joe... y así hasta llegar de regreso a la primer caverna y a la primer pintura clonada?


La línea entre influencia-imitación-clonación es completamente borrosa en el arte humano.

Vista frontal de una batería electrónica con interfaz de IA
Una batería electrónica con sistema de inteligencia artificial integrada

¿Quién importa más: el artista o la obra?

Si el fin del arte es la emoción, el creador de esa emoción pasaría a ser la parte menos importante de la "planta de producción" artística. Y si esto es así, entonces no debería haber censura legal ni moral para que las AI pasen a competir en el mercado del arte, pues ellas son capaces de generar productos con los que las personas se emocionen o conecten, considerándolos "arte" y pagando por voluntad propia por esos productos o servicios.


Contra los Moralistas

Y antes que los moralistas de copetín vengan a rasgarse las vestiduras a este post: Lo que digo acá no es lo que me gusta, sino lo que veo. Si fuese por mi gusto, el arte seguiría siendo monopolio humano. Pero analizando los argumentos expuestos anteriormente, no hay razón para que el arte continúe siendo privilegio exclusivo de la raza humana. Al fin y al cabo, ¿quién puede asegurar que la especie humana no sea una AI creada por una civilización extraterrestre avanzada y holgazana, sólo para ahorrarse el trabajo de conquistar y poblar ellos mismos el universo?


Más allá del debate: ¿qué hacés vos con esto?

Más allá de este debate filosófico, si te interesa desarrollar una voz propia en la batería —justamente en este contexto donde copiar, reinterpretar y transformar es parte esencial del lenguaje— podés encontrar mis Clases Online, Cursos Sueltos o mi Libro de Afinación donde trabajamos en profundidad técnica, musicalidad y construcción de identidad y sonido en el instrumento.

Porque, IA o no IA, la pregunta va a seguir siendo la misma: ¿qué hacés vos con lo que aprendés?


Juan Cruz Martínez

2026


 
 
 

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