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El poder de la gratitud, según Benny Greb



LA ACTITUD DE LA GRATITUD

¡Nuestro cerebro es increíble! Pero es una lástima que no venga con manual incluido.


Se cree que el humano promedio tiene alrededor de veinte mil pensamientos por día, el 80 por ciento de los cuales son pensamientos negativos y gran parte del otro 20 por ciento son pensamientos recurrentes que van y vienen en nuestras cabezas como jugando al ping-pong.

De manera rutinaria nos preocupamos por todo tipo de cosas triviales, por suerte la mayoría de las cuales no suceden nunca; y en cambio damos por sentadas las cosas más importantes, sin pensarlas demasiado.


Esto puede resultar sorprendente si tú asumes que el principal propósito del cerebro es el hacernos felices, pero eso sería como esperar que un destornillador sea capaz de clavar un clavo. Nuestro cerebro evolucionó en una era distinta, y cada tanto nos muestra que andamos por allí utilizando un sistema operativo diseñado hace alrededor de doscientos mil años. El cerebro no evolucionó para hacernos felices, evolucionó para mantenernos vivos; evitar el peligro, proveernos de alimento y tener bebés.


Cuando la tarea principal es mantenernos con vida a toda costa, aprendemos exactamente todos esos comportamientos mencionados arriba -un permanente estado de alerta, escaneando cualquier cosa y a cualquiera que pueda resultar peligroso; una cauta expectativa de que cualquier cosa pueda salir mal y alguien pueda lastimarnos en cualquier momento.


Esto era totalmente lógico cuando andábamos por allí desnudos y necesitando identificar rápidamente aquello que quería devorarnos, y luego decidir rápidamente si debíamos o no terminar saltando del acantilado. En el mundo en el que vivimos hoy, sin embargo, depende de nosotros el direccionar conscientemente hacia dónde va nuestro motor de escaneo; resistir esta gravedad mental (del mismo modo en que combatimos la gravedad física cuando nos tenemos que levantar por la mañana) y redireccionar nuestra percepción de todas las cosas que están mal o podrían salir mal, por sobre todas las cosas que están bien y por las que podemos estar agradecidos. El acto de practicar no tiene que estar limitado solamente a nuestro instrumento. Y así como cultivamos nuestra técnica y las repeticiones de movimientos que nos ayudan, también podemos cultivar emociones específicas de utilidad.


Recomiendo practicar la gratitud de forma diaria. Y la noticia es que ya posees todo lo necesario para hacerlo. Comienza simplemente por hacerte una serie de preguntas. ¿Puedes sentirte agradecido por la habilidad de tocar tu instrumento? ¿Por siquiera tener acceso a él? ¿Qué del hecho de que alguien importante para tí te haya introducido a la música, o hasta la inmensa fortuna de haber nacido con la salud necesaria para experimentar el disfrutar todos estos regalos?


Estos son sólo algunos ejemplos para recordarte cuán increíblemente afortunado eres. Y así como te cepillas los dientes, te recomiendo hacer esto de forma regular para cambiar tu foco de aquello que está faltando, o no está bien, o podría estar mejor, hacia todo aquello que tienes, que está bien y por lo que puedes estar agradecido.


Otro asombroso efecto secundario es que quejarte se convierte en algo casi imposible cuando realmente eres un agradecido. Un artista que se queja de tener ensayos apestosos o malas condiciones durante sus giras frecuentemente está olvidando los tiempos en los que anhelaba que alguien se interesase en su música, y cuán agradecido se sentía por cada persona que compraba una entrada. Quizá esto te suene medio hippie, pero realmente lo creo. La gratitud es una de las emociones más importantes que puedes cultivar.


Benny Greb

Traducción: Juan Cruz Martínez


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